Estamos tan lejos de la tradición China que hay cosas
difíciles de asumir. Por un lado, está la cuestión innegable de un número
creciente de mujeres que descubren que sus maridos son homosexuales (se
considera que unos 16 millones).
A esto se une la discriminación que aún sufren
en ese país las personas divorciadas, y, por otro, que no es causa de
separación legal que uno de los cónyuges no comparta la orientación heterosexual
del otro; a menos que se haya producido una completa ruptura en la relación. Sí
son motivos legales suficientes la enfermedad genética o los problemas psicológicos
o haber sido forzada a casarse o si su seguridad personal se ha visto limitada.
Ante este panorama, las mujeres de maridos homosexuales han
pedido que se les declare solteras de nuevo y no se les considere divorciadas:
“Esto refleja un viejo sesgo social contra la mujer”, declaran los activistas
de la asociación de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (LGBT).
Hu Zhijun, director ejecutivo de PFLAG de China, una
organización para los gay y sus familiares, aclara que “detrás del reclamo para
la anulación del matrimonio está la discriminación de las personas divorciadas.
Si uno es etiquetado como divorciado, especialmente si es mujer, sufrirá la
presión de la sociedad”.
La vieja tradición china indica que un hombre no debe
casarse con una mujer soltera fea o divorciada. Xu Bin, directora de Common
Lenguage, una organización para lesbianas de Pekin admite que “esta petición
muestra que ellas piensan que las mujeres divorciadas son menos valoradas y se les
considera de segunda mano”.
Reconoció también que hay muchos de estos matrimonios que se
hacen por motivos materiales como obtener la tarjeta de residencia en Pekín.
Aunque comprende sus motivos, también invita a pensar por qué los gays se
siguen casando con mujeres.
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